Acerquémonos con cuidado. Que nadie note que estamos observando lo que están haciendo. Conseguiremos pasar desapercibidos y evitaremos posibles problemas con los clientes de este establecimiento veraniego. Se trata de un bar situado en primera línea de playa. No tendríamos más que cruzar la avenida, perdernos entre la vegetación de los jardines exquisitamente cuidados y estamos en la playa. Pero la costa por ahora no nos interesa. Centrémonos en lo que se cuece en el bar. Dispone de una amplia terraza en la que han colocado seis mesas de mimbre y bambú con sus respectivas sillas. Cuatro por cada mesa. De la media docena de mesas, solamente tres están ocupadas. Una de ellas es la primera de todas, en la parte derecha de la terraza. Un matrimonio con rasgos nórdicos disfrutan de una espumosa cerveza bien fría tal y como deja ver el sudor critalino de ambas jarras. En la tercera mesa esta una pareja de jóvenes que apenas hablan entre ellos. No han hecho más que entrar y sentarse. Ojean la carta y deciden de mutuo acuerdo pedir una sencilla ensalada y un refresco que no se sabe por qué hoy no van a compartir. Cada uno pedirá el suyo. Ella lo ha querido así y él, en su línea de cumplir sus deseos sean lo que sean, ha pedido que en vez de uno sean dos. La camarera toma nota extrañada. Son habituales y le sorprende la comanda.
En la sexta y última mesa esta otra pareja de edad joven charlando entre risas. Acerquémonos un poco, unos pasos nada más y les escuchamos hablar de las últimas películas que han visto en el cine. Han pasado del género de terror al de la comedia y recordando escenas no pueden evitarlo y rien a carcajadas. Hemos de fijarnos que una de sus primeras citas. Se han conocido apenas unas semanas atrás y se han caído bien. De mutuo acuerdo han dedicido darse la oportunidad de irse conociendo y ver qué puede suceder.
La camarera sale de detrás de la barra. Les pone sobre la mesa a la pareja de la mesa tres sus refrescos. Ella ni caso hace. Está demasiado ocupada en mirar hacia ninguna parte. Es él quien da las gracias mientras la camarera se acerca a la mesa seis a preguntar qué es lo que van a tomar. Dos refrescos de cola irán bien. Más tarde tomarán algo de comer, ahora no les apetece. Al unísono dan las gracias, se miran y romper a reir nuevamente. Olvidan que la camarera les ha interrumpido y retoman la conversación en el punto donde la habían dejado. El apasionante mundo laboral. La chica de la mesa tres se acerca discretmente al oído de su novio. Por mucho que agudicemos el oído no sabemos que es lo que le esta diciendo. Algo serio debe ser por la cara que se le ha quedado a ella. Él saca de su bolsillo el teléfono móvil y escribe un mensaje. No se da cuenta de que la ensalada la han servido. Ella la picotea con desgana teniendo la mirada fija en alguna parte.
Han levantado la mano los de la mesa seis. Les ha dado hambre y esperan que la camarera capte la señal que están haciendo. Ya saben que van a pedir. Dos bocadillos de pollo con salsa y ensalada, bien pasados por la plancha. Ni por la comida discuten. Algo les interrumpe. Un sonido que se repite. Se miran ignorando qué es lo que puede ser. Él se da cuenta, su móvil que suena con la melodía quele avisa de un nuevo mensaje. Saca el móvil del bolsillo de sus vaqueros y lo lee. Si nos asomamos un poco por encima de su hombro vemos lo que le han escrito.
En la sexta y última mesa esta otra pareja de edad joven charlando entre risas. Acerquémonos un poco, unos pasos nada más y les escuchamos hablar de las últimas películas que han visto en el cine. Han pasado del género de terror al de la comedia y recordando escenas no pueden evitarlo y rien a carcajadas. Hemos de fijarnos que una de sus primeras citas. Se han conocido apenas unas semanas atrás y se han caído bien. De mutuo acuerdo han dedicido darse la oportunidad de irse conociendo y ver qué puede suceder.
La camarera sale de detrás de la barra. Les pone sobre la mesa a la pareja de la mesa tres sus refrescos. Ella ni caso hace. Está demasiado ocupada en mirar hacia ninguna parte. Es él quien da las gracias mientras la camarera se acerca a la mesa seis a preguntar qué es lo que van a tomar. Dos refrescos de cola irán bien. Más tarde tomarán algo de comer, ahora no les apetece. Al unísono dan las gracias, se miran y romper a reir nuevamente. Olvidan que la camarera les ha interrumpido y retoman la conversación en el punto donde la habían dejado. El apasionante mundo laboral. La chica de la mesa tres se acerca discretmente al oído de su novio. Por mucho que agudicemos el oído no sabemos que es lo que le esta diciendo. Algo serio debe ser por la cara que se le ha quedado a ella. Él saca de su bolsillo el teléfono móvil y escribe un mensaje. No se da cuenta de que la ensalada la han servido. Ella la picotea con desgana teniendo la mirada fija en alguna parte.
Han levantado la mano los de la mesa seis. Les ha dado hambre y esperan que la camarera capte la señal que están haciendo. Ya saben que van a pedir. Dos bocadillos de pollo con salsa y ensalada, bien pasados por la plancha. Ni por la comida discuten. Algo les interrumpe. Un sonido que se repite. Se miran ignorando qué es lo que puede ser. Él se da cuenta, su móvil que suena con la melodía quele avisa de un nuevo mensaje. Saca el móvil del bolsillo de sus vaqueros y lo lee. Si nos asomamos un poco por encima de su hombro vemos lo que le han escrito.
“Ella quiere saber si es una cita formal o de negocios.”
Se queda perplejo y callado. Muy callado. Ella le pregunta si le pasa algo, si se trata de malas noticias. Le vemos sonreír y haciendo uso de una mentira piadosa que ningún daño causará miente y asegura que le piden estar en casa temprano. Le cree. Mejor así. Ella ojea la carta buscando algún batido para acompañar el bocadillo. Recita en voz alta las frutas que usan como ingredientes naturales. Él la escucha en la lejanía. Sus ojos se mueven rápido hasta que repara en los clientes de la mesa tres. Quien sino podían ser. Ella, desde luego que le lanza una mirada desafiante y llena de rabia. Más que rabia parecen celos que pasan desapercibidos delante de su novio al que también conoce. Se saludan con un cortés movimiento de cabeza. La recomienda un batido de frutas del bosque pensando qué es lo que va a responder. No gasta muchas letras ni energías. Viendo las teclas que pulsa y con la rapidez con la que lo hace nos cuesta entenderlo.
“Sí, es una cita y formal.”
No tarda en llegar a su destinatario que lo lee y no puede evitar mostráserlo a ella. Él se ríe creyéndolo un donjuan. Ella al verlo apura la ensalada viendo como otra se sirve un plato que era el suyo. No había comido así de rápido en la vida. Le espeta que pida la cuenta. Levanta la mano izquierda mientras con la derecha escribe algo en el móvil. Si nos ponemos de puntillas lo leemos con claridad.
“Estás hecho todo un casanova, no hay quien se te resista, macho.”
Pagan estando ya de pie. Ella tiene prisa en largarse de aquel antro. Entregadas las vueltas, coge el bolso y sale dejando tras de sí el sonido de sus tacones. Él sale y poniendo dos dedos en la frente le dirige un saludo un tanto militar. Le devuelve el saludo de la misma forma. Está probando el batido de frutas que a ella le han servido. Está delicioso. Los bocadillos están esperando ser devorados. Por fortuna ella, que arranca servilletas del servilletero no se ha dado cuenta de nada.
