martes, 25 de abril de 2017

Quinta carta a un desconocido


06 de junio de 2010
“¡[...]! Buon giorno!!!
Come stai in questa mattina di domenica??? Io qui, lasciando un commento negli blog di due amici di penisola.
¡[...]! Perdona por no haber ido el viernes a la obra de teatro que jovar, seguro estuvo genial el estreno. Me quedé desconsolado pero tuve un fallo técnico de última hora que no pude resolver. Iba a ir con una amiga que me llevaba, ella conduce y yo ni carnet tengo. Habíamos quedado pero pobriña mía que tiene problemas y de los gordos con [...]. Estaba desesperada el viernes y me pidió que si no me importaba se quedaba. Y claro, si voy en bus para volver me cuesta un problema que no hay bus después de las nueve de la noche sino cuando les da. Al final me termine quedando con ella que se quería desahogar.
Me supo muy mal no haber ido que te lo había prometido. Jovar, no sé ni cómo arreglarlo que me ha entrado un cargo de conciencia enorme. ¡Ain!. Espero sepas perdonar a este […] medio ceporro y que no se lo tengas en cuenta, y menos ahora que toca cata de vinos, día de san Juan, embarcación de la Virgen del Carmen...

¡Un bacione fortissimo y te me cuidas mucho!”

domingo, 23 de abril de 2017

Comprensión lectora: la pregunta


02 de mayo de 2010
“Hola.
En los últimos comentarios he mezclado ficción con realidad, en un caso con el cuento de Alicia (porque está de actualidad por la peli). En fin, quiero decir que cuando uno escribe contando algo desde un punto de vista de ficción pero intentando acercar la realidad, suena como si estuvieras colgado total.
En fin, no me voy a explicar mucho más pero tampoco te iba a dejar un comentario diciendo esto, ¿no?

Bueno, que tengas buen finde aunque ya está punto de terminar, abrazos”

sábado, 15 de abril de 2017

Cuarta carta a un desconocido


02 de mayo de 2010
“Hola [...].
¿Qué tal estás? ¿Cómo te va?
Yo ya mejorando, me queda un cansancio y un mal cuerpo que tira de espaldas. Y el sueño que me entra por culpa de los medicamentos. A ver si mejoro rápido para poder conectarme un rato y charlar contigo en condiciones que si hace falta hago el esfuerzo. 
Soy […], del perfil. Perdona por no haberte escrito antes pero he tenido problemas estos días. Mi nombre es […], vivo en […]. Tengo veintinueve años, mido uno setenta y seis y peso unos setenta y tres kilos. Como ves también soy de lo más normal. La verdad es que no sé qué preguntarte. Dime tú o pregunta que yo te respondo. No sé, cuéntame algo sobre ti. O pregunta, si quieres, que te responderé.
Por si acaso el messenger me la juega y no te llega, copio y pego por aquí.
¿Ves? lo prometido es deuda, no he desaparecido, ganas de volver a hablar contigo pronto, mientras tanto, te cuidas mucho,

¡Un saludo!”

lunes, 10 de abril de 2017

Quinta felicitación sin respuesta


05 de julio de 2009
“Japi berdei tu yu japi berdei tu yu…
A pesar de este inglés mío de opening, ¡FELIZ CUMPLEEEEEEEEEEEEEE!
¡Muchas felicidades, […]! Espero que disfrutes del día de tu cumple, que lo celebres y lo pases genial, como se merece, que un cumpleaños es un cumpleaños y más si cae en domingo. Seguro que sí, que lo harás y guardarás un buen recuerdo de este día.
Disfrútalo y cuídate mucho, […].

¡Un abrazo enorme de cumpleaños!”

miércoles, 5 de abril de 2017

Tercera carta a un desconocido


30 de mayo de 2009
“¡Hola [...]!
¿Qué tal estás? ¿Cómo te va? Espero que tus ánimos hayan mejorado, aunque solamente sea un poco y te vayas sintiendo mejor, más animadito y más alegre. Que la vida es bella como para estar así de triste, ¿eh?
No sabía que lo hubierais pasado tan mal, me dejaste hasta preocupado cuando leí tu mensajito. Bueno, tú procura ser fuerte. Sé que eso es muy duro y parece que no podrás, pero claro que puedes. De estas cosas se aprende por muy duras que sean. No te vengas abajo y sigue adelante, ayudando y apoyando a tus padres. Lo necesitan. Si tú necesitas hablar, aquí me tienes. Solamente tienes que dar un grito que yo te escucharé.
Bueno, de mí, pues que estoy trabajando, en el [...], cerquita de mi casa. Da un gusto el levantarse a una hora normal y comer a una hora normal que no veas. Ahora estamos a tope, atendiendo gente como nunca que terminamos agotados y medio muertos. Aparte que hacemos unas tardes a la semana. Lo malo es ahora el calor, que me deja atocinado con ganas. Pero bueno, que le vamos a hacer. Mientras los findes a veces salgo a dar una vuelta y a echarme unas risas, para distraerme sobre todo.
Ya es madrugada, me voy retirando a la cueva. Te cuidas mucho, ¿eh?, ¿lo prometes? Que por aquí se te echa de menos.

¡Un abrazote rompecostillas!”

jueves, 30 de marzo de 2017

La mano encima


Fue incapaz de tocar. En cuatro largos años no se produjo ni una caricia, ni un inocente juego que le permitiera admirar con sus dedos la juventud de la dermis que amaba. El pánico a sentir ese sentimiento especial por alguien que muchos denominan amor le empujó a limitar sus movimientos. Sus manos siempre guardaron una distancia prudencial a pesar de aquellos involuntarios roces que siempre terminaban con una rápida huida y con un extraordinario rubor dibujado en sus mejillas. Deseaba entregarse por completo al pecaminoso sentido del tacto y explorar con la yema de sus dedos cada uno de los rincones del cuerpo que admiraba en silencio. Recorrerlo de principio a final sin olvidar pliegue alguno hubiera constituido un orgasmo en toda regla. Lástima de ese terror que tanto le limitó en sus palabras, en sus actos y en sus gestos. Si hubiera sido más atrevido otro gallo le habría cantado.
Sin embargo hubo una vez, una única vez, en la que consiguió unir el contacto de las dos anatomías. Posiblemente si no hubiesen estados sus amigos, prototipos absurdos de personas que se creen modélicos ejemplos de irónica virtud y paradójico buen hacer, habría actuado de una forma bien diferente a como actuó. Tuvo la suerte de que no se le tuviera en cuenta y, gracias a un ciego amor, la culpa recayó en las dos o tres copas que habían tomado en los bares en los que habían entrado aquella noche. Si no fuera por eso, quizás le habría respondido no con otro certero golpe sino con una apresurada escapada a través de las solitarias calles y oscuros callejones de la ciudad en penumbra.
Bajando las escaleras que del cine y de la iglesia mayor conducen a la plaza tuvo lugar el incidente, justo al margen derecho, delante del escaparate de la peletería. Se había enzarzado en una conversación que fue subiendo de todo con cada palabra pronunciada. No se ponía de acuerdo con el siguiente bar al que ir. La noche no podía terminar tan pronto y quería hacer su santa voluntad que caía en el entredicho. Sus amigos le increparon para que se pusiera los pantalones por los pies y su criterio fuera tenido en cuenta aunque no gustara. Se tenía que hacer lo que quisiera que para eso era un hombre, un macho de pelo en pecho que no aceptaba discrepancias acerca de sus deseos. Pero su voluntad no se asentaba como los demás esperaban.

Fue ahí cuando contuvo las fuerzas y las ganas de propinar un golpe que ayudase a entrar en razón. Fue retado al comprobar sus aviesas intenciones aplaudidas por los esperpénticos que lucían sus amigos. Si quería golpear, que golpease, nadie haría nada por evitarlo. Y mientras bajaba un escalón, aprovechando que se encontraba en un nivel de superioridad, alzó el brazo y asestó un sonoro manotazo en la parte alta de su espalda, en esa donde el nace el cuello. La violencia fue tal que la pared de la peletería sostuvo el tambaleante cuerpo  de quien se recuperaba. Recibió una apenada mirada rebosante de lágrimas reprimidas y un silencio atronador de un grito de dolor contenido. Ambos fueron seguidos por diez minutos en los que la vida se vio interrumpida para proseguir con una acelerada marcha que alejó a su víctima de la escena del crimen.